Blanca Varela
Nadie te va a abrir la puerta. Sigue golpeando.Insiste.Al otro lado se oye música. No. Es la campanilla del teléfono.Te equivocas.Es un ruido de máquinas, un jadeo eléctrico, chirridos, latigazos.No. Es música.No. Alguien llora muy despacio.No. Es un alarido agudo, una enorme, altísima lengua que lame el cielo pálido y vacío.No. Es un incendio.Todas las riquezas, todas las miserias, todos los hombres,todas las cosas desaparecen en esa melodía ardiente.T ú estás solo, al otro lado.No te quieren dejar entrar.Busca, rebusca, trepa, chilla. Es inútil.Sé el gusanito transparente, enroscado, insignificante.Con tus ojillos mortales dale la vuelta a la manzana, mide con tu vientre turbio y caliente su inexpugnable redondez.Tú, gusanito, gusaboca, gusaoído, dueño de la muerte y de la vida.No puedes entrar.Dicen.
TAL VEZ EN PRIMAVERA
Tal vez en primavera.Deja que pase esta sucia estación de hollín y lágrimas hipócritas.Hazte fuerte. Guarda miga sobre miga. Haz una fortaleza de toda la corrupción y el dolor.Llegado el tiempo tendrás alas y un rabo fuerte de toro o de elefante para liquidar todas las dudas, todas las moscas, todas las desgracias.Baja del árbol.Mírate en el agua. Aprende a odiarte como a ti mismo.Eres tú. Rudo, pelado, primero en cuatro patas, luego en dos, después en ninguna.Arrástrate hasta el muro, escucha la música entre las piedrecitas.Llámalas siglos, huesos, cebollas.Da lo mismo.Las palabras, los nombres, no tienen importancia.Escucha la música. Sólo la música.
ESCENA FINAL
he dejado la puerta entreabiertasoy un animal que no se resigna a morir a eternidad es la oscura bisagra que cedeun pequeño ruido en la noche de la carnesoy la isla que avanza sostenida por la muerte o una ciudad ferozmente cercada por la vidao tal vez no soy nada sólo el insomnio y la brillante indiferencia de los astros desierto destino inexorable el sol de los vivos se levanta reconozco esa puerta no hay otra hielo primaveral y una espina de sangre en el ojo de la rosa.






